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lunes, 14 de marzo de 2011

Que la Feria del Libro abra un espacio para discutir las posiciones de Vargas Llosa

La Feria del Libro es un acontecimiento eminentemente comercial, su éxito se mide por cantidad de visitantes y ventas. Es lo que sucede también con otras ferias ligadas a la actividad: en la última Feria de Francfort, por citar el ejemplo paradigmático de estos eventos, los acontecimientos más difundidos fueron la venta de los derechos de la obra de Borges y la algarabía que el nombramiento de Vargas Llosa como Premio Nobel había causado en el stand de Alfaguara, la multinacional que tiene los derechos del peruano. 

Esto no impide, o mejor dicho, quizá provoque que la Feria opere también como caja de resonancia de la actualidad política. Es lo que sucede con la invitación, por parte de la Fundación El Libro, del autor de La tía Julia y el escribidor a la apertura no oficial de la Feria. 

Es una impostura, por tanto, la acusación que intelectuales kirchneristas le endilgan a la Fundación El Libro de ser un frente de los monopolios editoriales, cuando pocos meses atrás ellos se peleaban para conseguir pasaje en la delegación oficial a la Feria de Francfort. En última instancia, tanto el gobierno de Cristina Fernández como Vargas Losa y la Fundación El Libro están de acuerdo en la defensa del negocio de los grandes pulpos editoriales. 

Los escritores ligados al oficialismo se acordaron de la condición capitalista de la Fundación El Libro a raíz de la invitación a Vargas Llosa para que pronuncie el discurso inaugural. El director de la Biblioteca Nacional , Horacio González, reclamó una modificación de la agenda con el argumento de que "hay dos Vargas Llosa, el gran escritor que todos festejamos, y el militante que no ceja ni un segundo en atacar a los gobiernos populares de la región". 

Para salvar el inconveniente que representa el peruano, propuso que "para este evento inaugural se designe a un escritor argentino en condiciones de representar las diferentes corrientes artísticas y de ideas que se manifiestan hoy en la sociedad argentina". ¿Quién encarnaría a semejante espejismo? Semejante "síntesis" sería repudiable como emblema del eclecticismo y de la mediocridad. El país ha visto a numerosos escritores que les chupan las medias a "los gobiernos populares", pero no por eso deberían inaugurar la Feria. La mayoría de ellos ha atacado al Partido Obrero por el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra, con el inocultable propósito de encubrir a la burocracia sindical, la estatización de los sindicatos y la coalición político-económica que mantiene el gobierno con la patota asesina. 

Si designaran, llegado el caso, a semejante "síntesis" de "las corrientes de ideas de la sociedad argentina", iríamos a repudiarlo como un agente de la patota de la UF. 

Por otro lado, ¿por qué debería ser un escritor el que inaugure la Feria y no un lector, si la Feria es "del escritor al lector", por ejemplo un obrero ferroviario? Este podría transmitir a "la sociedad" la vivencia de un explotado con la literatura. Para que ocurra esto no es necesario prohibir la presencia de Vargas Llosa, sino cancelar el carácter capitalista de la Fundación El Libro. 

A los "intelo" K es lo último que se les ocurriría. Lo que diferencia a Vargas Llosa de un K es la consecuencia: el peruano sigue defendiendo las políticas menemistas que impulsaron los K (y que hoy protegen de la desaparición) bajo el menemismo. Con relación a la cuestión palestina, sin embargo, Vargas Llosa se encuentra a la izquierda de los K, tutelados por el sionismo.

En el mundo abundan los grandes escritores que son políticamente reaccionarios -desde Balzac hasta Céline y Borges. El autor de La ciudad y los perros es, desde hace mucho, un vocero del Departamento de Estado norteamericano.

González no aclara quiénes militan en la coalición de derecha que él ataca, aunque muchos de los consuetudinarios habitués de las coaliciones de derecha que han pululado en la Argentina son o fueron aliados del gobierno kirchnerista, como Duhalde, Scioli y la burocracia sindical, o son sus socios políticos en algunos emprendimientos de seguridad, como Macri en el acuerdo de acción conjunta entre la Federal y la Metropolitana en la masacre del parque Indoamericano, o en la unificación de las elecciones comunales acordada en la Legislatura.

Las dos organizaciones más importantes que nuclean a escritores dieron también su opinión respecto de la invitación al Nobel. En su declaración, el presidente de la Sade, Alejandro Vaccaro, quien hace muy poco afirmó en un reportaje en Clarín, que su organización sólo pretendía defender los derechos de los escritores sin meterse en cuestiones ideológicas -cosa que dejaba para la SEA-, interviene en el debate en favor del gobierno. En cambio, la "ideológica" SEA, por boca de su vicepresidente, dice: "Hubiéramos querido que fuera otro; expresamos nuestro disgusto, pero lo aceptamos". 

Para la SEA cooptada por el macrista Lombardi, "Vargas Llosa ha tenido expresiones casi injuriantes para la Argentina ", sin aclarar si se refiere a las denuncias de corruptela y latrocinio gubernamentales por parte del Premio Nobel. Tampoco queda claro a cuál Argentina se refiere: si a la de Pedraza, el pago de la deuda al Club de París y el veto al 82% móvil para los jubilados, o a la de la lucha de los tercerizados por su pase a planta permanente, la de los trabajadores del subte por el reconocimiento de su dirección combativa y la de los que luchan por el castigo a todos los responsables del asesinato de Mariano Ferreyra

Horacio González, al final, cometió un delito de lesa literatura: primero, se anticipó a sus mandantes para pedir la proscripción del novelista; luego se plegó, como los otros seguidistas K, al rechazo de la Presidenta a su reclamo -algo que Vargas Llosa no ha hecho hasta ahora con el poder político, aunque sea un propagandista político del imperialismo. LuchArte expresa su rechazo a que Vargas Llosa inaugure la Feria, pero no a que participe de ella bajo cualquier forma, también rechaza el carácter comercial, es decir capitalista de la Feria, y todas las proscripciones que esto implica -desde las limitaciones económicas hasta las políticas para participar. 

Del mismo modo, rechaza la pretensión de los K de ocupar ese puesto, lo que no sería más que una tentativa de regimentar la opinión, como ocurre con todos los emprendimientos que ha tomado el oficialismo. 

La Feria del Libro debe representar al campo de los escritores, de la educación y de la clase obrera. El carácter de la inauguración no sería determinado por la Fundación Nobel ni por la Fundación El Libro, ni tampoco por organismos disciplinados al poder político. 

Los "intelos" que aplauden el pago de la deuda externa con dinero de la Anses no tienen condiciones para dar lecciones de antiimperialismo a nadie. Reclamamos sí que la Feria del Libro organice mesas de debate sobre lo que diga Vargas Llosa, abiertas a todas las corrientes políticas e intelectuales de la Argentina. 

Sabemos que las opiniones políticas son expresiones de la defensa de intereses determinados; por eso no nos resulta ingenua la invitación de la Fundación El Libro al autor de Pantaleón y las visitadoras. La Feria debería abrir un espacio para el debate de estas posiciones, de modo que quede claro de qué lado está cada quien.

Ni la Sade ni la SEA defienden la intervención independiente de sus afiliados. Proponemos a todos los escritores la creación de una corriente independiente del Estado y de los partidos patronales, que se alinee con la lucha de los trabajadores por la defensa de sus derechos y reivindicaciones. 

LuchArte Escritores

Piqueteros intelectuales

Mario Vargas Llosa

MADRID.- Un puñado de intelectuales argentinos kirchneristas, vinculados con el grupo Carta Abierta, encabezados por el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, pidió a los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires, que se abrirá el 20 de abril, que me retirara la invitación para hablar el día de su inauguración. La razón del veto: mi posición política "liberal", "reaccionaria", enemiga de las "corrientes progresistas del pueblo argentino" y mis críticas a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Bastante más lúcida y democrática que sus intelectuales, la presidenta Cristina Fernández se apresuró a recordarles que semejante demostración de intolerancia y a favor de la censura no parecía una buena carta de presentación de su gobierno, ni oportuna, cuando parece iniciarse una movilización a favor de la reelección. Obedientes, pero sin duda no convencidos, los intelectuales kirchneristas dieron marcha atrás.

Me alegra coincidir en algo con la presidenta Cristina Fernández, cuyas políticas y declaraciones populistas en efecto he criticado, aunque sin llegar nunca al agravio, como alegó uno de los partidarios de mi defenestración. Nunca he ocultado mi convencimiento de que el peronismo, aunque haya impulsado algunos progresos de orden social y sindical, hechas las sumas y las restas ha contribuido de manera decisiva a la decadencia económica y cultural del único país de América latina que llegó a ser un país del primer mundo y a tener en algún momento un sistema educativo que fue un ejemplo para el resto del planeta.

Esto no significa, claro está, que aliente la menor simpatía por sus horrendas dictaduras militares cuyos crímenes, censuras y violaciones de los derechos humanos he criticado siempre con la mayor energía en nombre de la cultura de la libertad que defiendo y que es constitutivamente alérgica a toda forma de autoritarismo.

Precisamente, la única vez que he padecido un veto o censura en la Argentina, parecido al que pedían para mí los intelectuales kirchneristas, fue durante la dictadura del general Videla, cuyo ministro del Interior, el general Harguindeguy, expidió un decreto de abultados considerandos prohibiendo mi novela La tía Julia y el escribidor y demostrando que ésta era ofensiva al "ser argentino". Advierto con sorpresa que los intelectuales kirchneristas comparten con aquel general cierta noción de la cultura, de la política y del debate de ideas que se sustenta en un nacionalismo esencialista un tanto primitivo y de vuelo rasero.

Porque lo que parece ofender principalmente a Horacio González, José Pablo Feinmann, Aurelio Narvaja, Vicente Battista y demás partidarios del veto, por encima de mi liberalismo es que, siendo un extranjero, me inmiscuya en los asuntos argentinos. Por eso les parecía más justo que abriera la Feria del Libro de Buenos Aires un escritor argentino en consonancia con las "corrientes populares".

Si tal mentalidad hubiera prevalecido siempre en la Argentina, el general José de San Martín y sus soldados del Ejército Libertador no se hubieran ido a inmiscuir en los asuntos de Chile y Perú y, en vez de cruzar la cordillera de los Andes impulsados por un ideal anticolonialista y libertario, se hubieran quedado cebando mate en su tierra, con lo que la emancipación hubiera tardado un poco más en llegar a las costas del Pacífico sudamericano. Y si un rosarino llamado Ernesto "Che" Guevara hubiera profesado el estrecho nacionalismo de los intelectuales kirchneristas, se hubiera eternizado en Rosario ejerciendo la medicina en vez de ir a jugarse la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas en Guatemala, Cuba, el Congo y Bolivia.

Fuego de artificio

El nacionalismo es una ideología que ha servido siempre a los sectores más cerriles de la derecha y la izquierda para justificar su vocación autoritaria, sus prejuicios racistas, sus matonerías, y para disimular su orfandad de ideas tras un fuego de artificio de eslóganes patrioteros. Está visceralmente reñido con la cultura, que es diálogo, coexistencia en la diversidad, respeto del otro, la admisión de que las fronteras son en última instancia artificios administrativos que no pueden abolir la solidaridad entre los individuos y los pueblos de cualquier geografía, lengua, religión y costumbres pues la nación -al igual que la raza o la religión- no constituye un valor ni establece jerarquías cívicas, políticas o morales entre la colectividad humana.
Por eso, a diferencia de otras doctrinas e ideologías, como el socialismo, la democracia y el liberalismo, el nacionalismo no ha producido un solo tratado filosófico o político digno de memoria, sólo panfletos a menudo de una retórica tan insulsa como beligerante. Si alguien lo vio bien, y lo escribió mejor, y lo encarnó en su conducta cívica fue uno de los políticos e intelectuales latinoamericanos que yo admiro más, el argentino Juan Bautista Alberdi, que llevó su amor a la justicia y a la libertad a oponerse a la guerra que libraba su propio país contra Paraguay, sin importarle que los fanáticos de la intolerancia lo acusaran de traidor.

Los vetos y las censuras tienden a imposibilitar todo debate y a convertir la vida intelectual en un monólogo tautológico en el que las ideas se desintegran y convierten en consignas, lugares comunes y clisés. Los intelectuales kirchneristas que sólo quisieran oír y leer a quienes piensan como ellos y que se arrogan la exclusiva representación de las "corrientes populares" de su país están muy lejos no sólo de un Alberdi o un Sarmiento, sino también de una izquierda genuinamente democrática que, por fortuna, está surgiendo en América latina, y que en países donde ha estado o está en el poder, como en Chile, Brasil, Uruguay, ha sido capaz de renovarse, renunciando no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias reñidas con la democracia "formal" sino al populismo, al sectarismo ideológico y al dirigismo, aceptando el juego democrático, la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaba burguesas. Esa izquierda renovada está impulsando de una manera notable el progreso económico de sus países y reforzando la cultura de la libertad en América latina.

¿Qué clase de Argentina quieren los intelectuales kirchneristas? ¿Una nueva Cuba, donde, en efecto, los liberales y demócratas no podríamos jamás dar una conferencia ni participar en un debate y donde sólo tienen uso de la palabra los escribidores al servicio del régimen? La convulsionada Venezuela de Hugo Chávez es tal vez su modelo. Pero allí, a diferencia de los miembros del grupo Carta Abierta, la inmensa mayoría de intelectuales, tanto de izquierda como de derecha, no es partidaria de los vetos y censuras. Por el contrario, combate con gran coraje contra los atropellos a la libertad de expresión y la represión creciente del gobierno chavista a toda forma de disidencia u oposición.

De quienes parecen estar mucho más cerca de lo que tal vez imaginan Horacio González y sus colegas es de los piqueteros kirchneristas que, hace un par de años, estuvieron a punto de lincharnos, en Rosario, a una treintena de personas que asistíamos a una conferencia de liberales, cuando el ómnibus en que nos movilizábamos fue emboscado por una pandilla de manifestantes armados de palos, piedras y botes de pintura. Durante un buen rato debimos soportar una pedrea que destrozó todas las lunas del vehículo, y lo dejó abollado y pintarrajeado de arriba abajo con insultos. Una experiencia interesante e instructiva que parecía concebida para ilustrar la triste vigencia en nuestros días de aquella confrontación entre civilización y barbarie que describieron con tanta inteligencia y buena prosa Sarmiento en su Facundo y Esteban Echeverría en ese cuento sobrecogedor que es El matadero .

Me apena que quien encabezara esta tentativa de pedir que me censuraran fuera el director de la Biblioteca Nacional, es decir, alguien que ocupa ahora el sitio que dignificó Jorge Luis Borges. Confío en que no lo asalte nunca la idea de aplicar, en su administración, el mismo criterio que lo guió a pedir que silenciaran a un escritor por el mero delito de no coincidir con sus convicciones políticas. Sería terrible, pero no inconsecuente ni arbitrario. Supongo que si es malo que las ideas "liberales", "burguesas" y "reaccionarias" se escuchen en una charla, es también malísimo y peligrosísimo que se lean. De ahí hay solo un paso a depurar las estanterías de libros que desentonan con "las corrientes progresistas del pueblo argentino".

El País.es

sábado, 4 de diciembre de 2010

Mirar el mundo desde un lado


Los escritores y la Feria de Fráncfort

La Feria de Frankfurt, que acaba de finalizar, es la referente de negocios más importante para el mercado editorial. Se desarrolla durante cinco días, en los cuales miles de editores, representantes, libreros y otros capitalistas del ramo se reúnen a concertar negocios y discutir sobre ellos. Carlos de Santos, presidente de la Cámara Argentina del Libro, deja claro el objetivo cuando manifiesta que “el verdadero balance de la presentación en Fráncfort se podrá sacar recién dentro de semanas o meses, cuando de las negociaciones resulten contratos concretos”. Tampoco Cristina Fernández de Kirchner obvió los objetivos del evento y abogó por una legislación “que proteja los derechos de propiedad intelectual que cada editor tiene sobre su obra (el subrayado es nuestro)”, con lo que dio por sentado que las obras son del capitalista que las publica y no del escritor que las escribe. En esto acuerdan con ella todos los hombres y mujeres de negocios que se dieron cita en la Feria para comerciar los derechos de autor de las obras.

Tecnología y negocios

Un tema fundamental de esta Feria fue la discusión acerca del rol del libro digital y sus consecuencias en el manejo de los derechos de autor y editoriales. Miguel Sobek, un desarrollador argentino que presentó en Fráncfort la versión digital del best seller El Gran Libro del Dragón, dice que “los que se esfuercen e inviertan para reinventar el libro, den herramientas novedosas a los autores y usen inteligentemente las nuevas formas sociales de difusión tendrán un lugar privilegiado”. Pero Gottfried Honnefelder, presidente de la Asociación Alemana de Editores y Libreros, expresó sus reservas. “Sería un escándalo que todo el saber del mundo quedara en manos de una empresa, que podría abrir y cerrar esa puerta cuando quisiera”, dijo haciendo referencia a Google.

El gigante electrónico dice haber logrado 10 mil socios editoriales fuera de los Estados Unidos. Simon Morrison, al frente de la delegación que vino a Alemania, avisa que pronto saldrá el Google Edition y muestra que ellos están trabajando aquí con muchos editores. El tema legal va por otro lado. Es obvio que la pelea es por quién llevará la batuta cuando se trate de apropiarse de los derechos de autor. Evidentemente, las asociaciones que defiende los derechos de los escritores deberán tomar parte en el asunto, para que no terminen siendo siempre los convidados de piedra.

Si Adorno viviera...

La idea de refundar la Escuela de Fráncfort en la Argentina, de la que participan escritores y funcionarios como Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, participa también de esta cosmovisión. Al abrigo de las palabras de Cristina Fernández, para quien la época impone un “matrimonio entre cultura y economía”, pretenden hacer revisionismo acerca de los conceptos que sobre las industrias culturales desarrollaron Adorno, Horkheimer, Habermas y compañía. El concepto completa en el terreno de la cultura lo que se planifica en otras áreas, como el proyecto de la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, que sellaría el matrimonio entre el trabajo y la economía.

La Argentina, invitada de honor


En contraste con lo sucedido el año pasado, hubo una sola delegación nacional, encabezada por la Presidenta. En ocasión de la Feria anterior, la Argentina asistió con dos delegaciones que expresaban el distanciamiento entre el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires, dualidad que no cayó bien en tierras germanas. Ante la crisis que actualmente atraviesa la gestión de Mauricio Macri, parece que llegaron a un acuerdo, y los miembros del equipo que en octubre pasado acompañaron a Hernán Lombardi, esta vez se alinearon detrás de Magdalena Faillacce.

La visita de la Presidenta tuvo como principal motivo la necesidad de allanar el camino a los créditos de origen internacional, pactando con el Club de París el pago de la deuda que el Estado argentino mantiene con ese organismo, a través del acuerdo con nuestro principal acreedor en ese campo, la banca alemana. El encuentro de Cristina y Angela Merckel tuvo ese propósito.

El gobierno, en boca de su máxima representante y de otros funcionarios e invitados, hizo gala de un discurso progresista basado en la defensa de los derechos humanos, pero obviando, claro, la represión a los estudiantes en lucha, la gendarmería enviada en ocasión de la huelga de petroleros en Santa Cruz, la policía contra los docentes y los obreros de Kraft y la impunidad del secuestro de Julio Jorge López, a tres años de ocurrido. Como siempre, cacareó sobre la dictadura militar e hizo silencio sobre la democrática, en la que el genocidio es juzgado en dosis homeopáticas mientras se mantiene procesados a 4.000 manifestantes en protestas sociales. Además ironizó, afirmando que “acá la única que ha venido maquillada es la Presidenta; Argentina no se maquilla ni se maquillará”. Es cierto: no es fácil maquillar la entrega del dinero de los jubilados al pago de la deuda con el Club de París mientras se niega el 82% móvil que les pertenece históricamente.

Los escritores y la demagogia gubernamental

Es más sencillo maquillar un discurso acompañada por escritores que gozan de bien ganado prestigio literario y que defienden la política de derechos humanos de este gobierno.

Juan Gelman, por dar un ejemplo emblemático, afirmó: “Creo que tenemos el mejor gobierno posible al que podía aspirar la Argentina (...) Hay cosas no resueltas, hay errores que comete el gobierno, pero al mirar un poco lo que es la oposición, ¡Dios mío!, es una oposición sin programa que lo único que propone es que cualquier medida o proyecto del gobierno es malo”.

La elección del mal menor, reivindicada aquí por Gelman, refleja una posición pasiva, que contrasta con la que defendieron los militantes desaparecidos en la década del setenta. Es evidente que ningún gobierno, ninguna política, es imparcial. La Presidenta le enmienda la plana con la elocuencia que la caracteriza: “No existe el hombre aséptico, objetivo, que mira el mundo desde la nada, el mundo siempre se mira desde algún lado, siempre, aun cuando uno crea que lo hace desde ningún lugar”.

Siempre se mira el mundo desde algún lugar, es decir, en política siempre se defiende algún interés. El tono aséptico de Gelman, que supone que un gobierno defiende el bien común, es falso e hipócrita. Suponer que existe una técnica para superar la contradicción de una sociedad dividida en clases lleva a un callejón sin salida. Todas las políticas del nacionalismo burgués han terminado con la derrota de la clase cuyos intereses decía defender. Quien siempre ha salido airosa con las políticas del nacionalismo ha sido la burguesía, nunca la clase obrera. No se trata de técnicas; se trata de tomar partido por una de las clases en pugna.

La oposición tiene el mismo programa que el gobierno. Ninguno de sus voceros ha criticado que se pague la deuda con el Club de París, ni que ese dinero salga de la Anses o de las reservas del Banco Central. Y no lo han criticado porque harían lo mismo.

Formar una corriente de escritores independientes

Tomar partido por una fracción que disputa con otra de la misma clase la gestión de los negocios capitalistas es entrar en un callejón sin salida.

Los escritores debemos mantener una posición independiente del Estado y de cualquiera de sus gobiernos. Griselda Gambaro dijo, en su discurso en la Feria, que “así debe ser por razones de sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico”. Y agregó: “El mal del mundo nos contamina e incluso contamina los mejores ámbitos, aun los de esta Feria (...) Mal del mundo que no consiste en fatalidades ineludibles sino en el resultado de un sistema (...)”.

Es al sistema capitalista, al que alude Griselda Gambaro, al que defienden tanto este gobierno como su “oposición”. Formemos una corriente de escritores independientes que luche junto a los trabajadores para imponer un sistema sobre nuevas bases sociales.

LuchArte Escritores