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martes, 11 de enero de 2011

¿Adónde vas, Jorge Altamira?

Nunca nos hemos tratado, pero nos conocemos y tenemos un punto teórico común: es necesario crear la sociedad solidaria, igualitaria, donde brote y se consolide el  Hombre Nuevo. Eso creo yo y ahí pongo mis modestos esfuerzos: en la liberación nacional y social de una América Latina unida.

Vos decís que también luchás por ese objetivo.

Entonces, me creo con el derecho a preguntarte: ¿Adónde vas, Altamira? ¿Adónde? ¿A qué  conduce tu política?

Disculpame, pero yo no creo que en lo profundo de vos mismo puedas suponer que la interrupción del kirchnerismo en el gobierno va a llevar al  P.O. a la Casa Rosada,  ni tampoco que le va a provocar un gran crecimiento político.  No.

No creo que estés tan al margen del desarrollo de la lucha de clases ni  que, en nombre del marxismo, saques conclusiones que sólo es posible admitir en un adolescente generoso y utópico – de esos que, en pequeño número, te siguen - y que cree que se puede asaltar el cielo así como así, mañana mismo, con la revolución perfecta, completita, sin contradicción, ni imperfección alguna. No.

A los pibes los entiendo – a “tus pibes” – y eso me duele, porque así seguramente pensaba el pibe Ferreyra. Porque a los 18  o los 22 años es posible querer salir de las desgracias, del desaliento, de la injusticia, luchando contra todos al mismo tiempo y de una vez, a todo o nada. Lo lamento por los pibes porque ellos ponen el cuerpo  y la derecha no anda con vueltas.

Pero, a vos no te lo puedo entender. Vos viste lo que pasó con el corte de vías el otro día:
20 muchachos rebeldes, en nombre de 60 compañeros tercerizados, provocaron la bronca de miles de usuarios del ferrocarril en Plaza Constitución y esa bronca fue usada por grupos duhaldistas y macristas, por las barras bravas de Barrionuevo, por los comandos de Ritondo, por las bandas de Duhalde.

No es como dice tu compañero Ramal que “sería delirante suponer que el P.O. cortaba en Avellaneda y también el  P.O. actuaba”  en  Plaza Constitución. Si algo hay delirante es precisamente lo de Ramal, porque nadie seriamente ha dicho eso.

Lo ocurrido es que, en los hechos, esos muchachitos idealistas que cortaron las vías quedaron aliados, en un mismo operativo de pinzas que vos no previste pero se dio en los hechos, con las bandas de derecha.

Entonces, cuando dicen “el P.O. aliado al duhaldismo” no te enojés: en la teoría no es así; en los hechos, sí.
Es decir, en la política concreta, el  macrista Ritondo es aliado tuyo y también Cecilia  Pando y  Posse y Redrado y Puerta y Barrionuevo y Toma.

Vos y tus compañeros atacan al gobierno porque lo que no ha hecho, por lo que falta; ellos lo quieren voltear por lo que ha hecho y lo que ha hecho es suficiente para que no lo soporten. Pero en conjunto vos y ellos creen que es conveniente interrumpir el avance del kirchnerismo, es decir, la reelección de Cristina.

Claro, ellos, la derecha, están en lo suyo, no soportan la Ley de Medios, no soportan el recupero de los aportes jubilatorios por el Estado, ni la Unasur, ni tampoco la asignación universal por hijo, ni ponerle coto al FMI. Ellos están molestos  por el protagonismo popular, por “los oscuramente pigmentados” (como decía el conservador Reinaldo  Pastor) y entonces  dicen ahora, haciéndole ‘el bocho’ a los vecinos más reaccionarios: “Somos xenófobos y ¿qué?: los bolivianos y paraguayos nos ocupan las escuelas y los hospitales”.

Pero vos no podés coincidir con eso. Ya sé que no coincidís en la teoría, pero en los hechos, sí. En la teoría vos sabés de la gesta altoperuana contra los realistas y seguramente sabés del “Moto Méndez” y  “el indio Camargo” y  Juana Azurduy” y tenés afecto por bolivianos y paraguayos (¡Cómo no tenerlo por Solano López, compañero de lucha contra el mitrismo oligárquico financiado por el Imperio Británico!) pero, sin embargo, vos  tocás en la misma orquesta de los xenófobos.
Es en la misma orquesta, mi viejo, aunque no estés orquestado en conspiraciones de café. En los hechos, sí.

Por eso te repito: ¿Adónde vas, Altamira? Porque vos debieras saber, lo sabés, supongo, que en política es fundamental conocer al enemigo principal (manual elemental de todo socialista en serio). Y no podés confundir al gobierno - con todas las asignaturas pendientes que vos quieras -  con la alianza Duhalde, Macri, Pando y todos los que ya conocemos. No. Eso no te lo voy a entender nunca, ni a justificar.

Por otra parte, vos te formaste en una concepción de la política que otorgaba importancia fundamental, al conocimiento de la  correlación de fuerzas. Hay que preguntarse, en cada momento de la lucha, cuál es  la correlación de fuerzas. Esto lo aprendiste, como yo, hace muchos años, en los manualitos del socialismo, es el ABC, el primero inferior, como se decía en nuestros tiempos.

Y entonces, ¿cuáles  son las opciones en juego? No me explico  cómo no entendés las fuerzas en juego y la  opción consiguiente: la vuelta al  2001 o a 1942, según algunos, es decir, el retroceso profundo con respecto a los avances del kirchnerismo, con todas las imitaciones en que probablemente vos y yo coincidamos o la prosecución y profundización de lo que se está haciendo desde el gobierno.

¡Y no podés decirme a mí que aprendiste en los textos clásicos que estas son luchas interburguesas y que es lo mismo Cristina en el gobierno que la Pando o Duhalde! No, vos sabés que no podés decirme eso, porque eso te  invalidaría para actuar concretamente en las luchas políticas que se están dando hoy y aquí. .

Vos viviste muchas cosas, Altamira,  como las viví yo. ¿O perdiste la  memoria? Y las que no viviste, te informaste por una abundante  literatura política.
¿Qué hizo la izquierda abstracta, toda la izquierda, desde anarquistas, socialistas, comunistas hasta trotskistas, en el 30? Todos contra Yrigoyen.
Y vino  Uriburu y después él mismo se encargó de torturar y fusilar, incluso a algunos de estos izquierdistas teóricos que habían sido funcionales a esa derecha fascista.

¿Era lo mismo Uriburu que Yrigoyen? Evidentemente, no.
¿Había que hacerse yrigoyenista, en ese principio de la decadencia del radicalismo? Tampoco.
¿Correspondía  colocarse al margen de esa lucha  porque eran luchas interburguesas? Menos aún.
La única política correcta era la que enseñan los clásicos: al lado del yrigoyenismo, con independencia, junto a la clase media que hacía su experiencia de poder y evidenciaba sus limitaciones.

Porque no fue por las limitaciones sino por los aciertos que torturaron y asesinaron radicales en 1931 y había que estar ahí, contra la dictadura y al mismo tiempo junto a “la resistencia radical” denunciando al alvearismo entreguista. Claro que después el radicalismo terminó en De la Rúa y todo lo que conocemos, pero eso no significa que hubiese que atacarlo  en su mejor momento, cuando tenían a la mayoría popular apoyándolo.

Vos lo sabés bien, porque eso se llama “dialéctica” que en lenguaje de barrio quiere decir: no hay que dejar de enamorar a  una mina de 20 años pensando que dentro de 60 años estará arrugada y desdentada. O de otra manera: la degradación del menemismo no justifica a quienes estuvieron con Braden y contra Perón, en el 45.

No puedo creer que no me entiendas, porque entonces sería vano este escrito, inútil totalmente. Y no me digas tampoco… “en esa época, nosotros éramos muy chiquitos y nos hacíamos pipí en la cama”, porque te contestaré como Jauretche, lo peor es que siguen meando en la cama también ahora.

Porque también en el 45 y en el 55 sucedió lo mismo, salvo la posición de  “Frente Obrero” y sus seguidores de la Izquierda Nacional, que salvaron el honor del socialismo revolucionario junto a los trabajadores peronistas.
De lo que ocurrió después que cayó Perón, ¿te acordás?, sin duda.
¿Qué vino? ¿El socialismo, acaso?
Sí, quizás el de “Norteamérico” Ghioldi justificando los fusilamientos del ‘56 porque “la letra con sangre entra”.

No eran lo mismo Perón y el almirante Rojas, lo sabe cualquier laburante sin haber leído jamás a don Carlos ni a Vladimiro Ilich. Lo sabe porque está en la realidad de la lucha de clases, aunque no sepa qué es la lucha de clases que la mayor parte de la izquierda predica en los fermentarios y talleres de formación con las ventanas cerradas a  lo que ocurre en la calle.

¿Puede ser que no me entiendas? Y no te confundas, te lo digo otra vez. Yo no te digo que te hagas kirchnerista. Te digo solamente que no se es izquierda cuando se califica a  todos los demás de ser lo mismo, burgueses,  echando fuegos de artificio que ilusiona a  los adolescentes.

Se es izquierda en la acción política concreta y aquí, en América Latina, con años de dependencia y expoliación, cuando aparecen gobiernos con vocación popular - quizás vos digas burgueses disfrazados de populismo - yo no pido que abandones tu organización y te incorpores, a ellos,  sino que te pongas al lado. No al lado de la derecha y en contra de ese gobierno. Te lo dijo Lenin, Altamira: “golpear juntos, marchar separados”.

“Junto” con las mayorías populares, aunque las direcciones políticas  no sean todo lo que vos quisieras. Y “separados”, es decir, manteniendo la independencia ideológica, política y organizativa, pero jamás  serle funcional a la derecha. No, mi viejo.

Porque entonces  vas entrando en un juego en que puede caer sobre vos  la responsabilidad de lo que ocurra  a  militantes que son  víctimas de enfrentamientos como los que hemos visto, heridos o  muertos para que en definitiva no se haga la revolución, sino para que la derecha llegue al poder y  persiga a  los pocos que te queden.

Hace pocos días lo dijo Rafael Correa, con respecto a su intento de darle una salida popular al Ecuador, protestando porque una “izquierda”, a la que llamó “boba”, se complace en atacarlo haciéndole el juego a la derecha. Lo mismo dice Hugo Chávez respecto a furibundos ex guerrilleros que se le oponen haciéndole el juego a los dueños de la televisión y los grandes grupos económicos de Venezuela.

¿No bastan acaso las fotos del lanzamiento de la candidatura de Duhalde, con el macrista Ritondo y la procesista Pando, obras maestras del terror? Son ellos los que acechan, los que quieren volver, los que quieren otros treinta mil desaparecidos, entre los cuales caerán también muchos de los tuyos. Y no podés hacerle el juego.
No podés crear condiciones para que los diarios digan “el P.O. en Avellaneda y el duhaldismo y el macrismo en la Plaza Constitución, operaron contra el gobierno y provocaron incidentes”. No, mi viejo, no podés. Sería un error gravísimo y en política, ya lo sabés, un grave error es peor que un crimen.

Porque en estos países los movimientos nacionales y populares  jugaron un papel importante, aunque hayan sido inorgánicos, tumultuosos, “oro y barro”, “abismos y cumbres”, como decía Jauretche, pero en el balance final expresaron avances populares, tanto Yrigoyen como  Perón.

A veces, los periodistas dicen que en la Argentina no hay izquierda real
¡Y claro!, si grupos semejantes al tuyo confundieron a Biolcati con Mao Tsé Tung y a Llambías con Trotsky y se colocaron alrededor de “la mesa de enlace agropecuario” enfrentando al gobierno junto a las señoras “bien” del Barrio Norte y los grandes sojeros.
En esa ocasión, vos estuviste mejor que ellos, pero no bien.

No apoyaste a los ganaderos, pero dijiste que eran luchas interbuguresas.
Entonces, decime, ¿toda la historia argentina son luchas interburguesas que no deben importarle a los trabajadores? Yrigoyen derrocado por los conservadores, Perón enfrentando a Braden y luego derrocado y desterrado, Moreno envenenado y San Martín enfrentado a Rivadavia y Sarmiento festejando el degüello del  Chacho  Peñaloza.

Una historia de luchas, sangre y muerte. Y si eso no es lucha de clases, ¿las clases dónde  están?
¿Todos son lo mismo, burgueses y todos los enfrentamientos, bombardeos, fusilamientos, etc., son luchas interburguesas? Si pensamos eso, mejor será que nos dediquemos a  la pintura abstracta o a aprender a tocar el violín que con eso no jodemos a nadie.

Y esperemos que algún día, allá lejos, cuando aparezca otro cordobazo, pero con una vanguardia iluminada, ortodoxamente formada en nuestras academias de socialismo revolucionario, volvamos quizás a la política, pero podría ocurrir entonces que los trabajadores ya hayan forjado sus dirigentes, algunos socialdemócratas, otras burocratizados, otros “fierreros”, qué se yo, pero que no reconozcan a quienes durante toda la historia  argentina no incidieron para nada y sacaron el 1% de los votos por sostener que millones de argentinos imbéciles se peleaban por diferencias “burguesas” y no por el socialismo.

Sabemos, desde la Izquierda Nacional, que no es fácil ese “golpear  juntos” y marchar separados. Inclusive hago autocrítica cuando Ramos se presentó con candidatura propia el 11 de marzo del ‘73 porque sostenía que era lo mismo Cámpora que los radicales y los candidatos del gobierno militar. Fue un grave error.
Y ni qué hablar del apoyo a Menem.

Por eso muchos izquierdistas nacionales se colocan a distancia de la historia de Ramos. Pero esta corriente ha sostenido, en general, la única posición correcta de acompañar a todos los movimientos nacionales de América Latina, desde una perspectiva independiente y colocarse claramente frente al enemigo común que, como se sabe,  es el imperialismo y los traidores nativos.

Desde esa perspectiva coincidimos en la valoración del peronismo con Cooke, Hernández Arregui, Puiggrós, Walsh y tantos otros, pero insistiendo que era más correcto jugar por afuera y no intentar forjar la izquierda desde adentro.
Pero lo que no dudábamos, en la relación con ellos, fue que los trabajadores estaban haciendo su experiencia y debía acompañárselos y enfrentar al enemigo principal.

Ahora la polémica sigue con motivo de las posiciones del P.O.
Y te lo repito: ni oposición implacable al movimiento nacional, como la tuya, ni seguidismo. Pero la tuya puede ser más peligrosa. Porque la derecha  sabe hoy que pierde en primera vuelta y va a provocar conflictos durante todo el  2011. Y ustedes no pueden estar ahí. ¡Ni cerquita! ¿Entendés?

Haceme caso, Altamira, pensalo. A la noche. En el silencio de la medianoche, pensá en los pibes que podés arriesgar y hacerlos jugar de modo funcional a la derecha. No se trata de hacerle asco a poner el cuerpo, pero sólo cuando políticamente tiene sentido el peligro que se corre.
Mártires porque sí, no  benefician a nadie sino que enlutan y suman desgracias a las que ya hemos sufrido.

Pensá  en la  derecha que acecha, pensá qué pasaría si se hunde este gobierno. Vos y yo ya estamos más cerca del arpa que de la guitarra  y entonces, seguí el consejo de Julián Centeya: en “el finirla, está la salvada”.  Ahí uno se puede redimir de viejos pecados.
Todavía estás a tiempo y entonces, te lo digo de nuevo, no se trata de hacerte kirchnerista, sino de colocarte críticamente pero acompañando al pueblo en su experiencia. Nacional, popular.

Y te lo digo en nombre de los Estados Unidos Socialistas de América Latina sobre los que profetizó Trotsky en  1940, por aquello que, como sabés, lo llevó a apoyar las nacionalizaciones petroleras de Lázaro Cárdenas y que en el fondo, era su teoría de la revolución permanente y aquello otro del frente  único antiimperialista que junto con Lenin presentaron en 1922 a los congresos de la III Internacional.
Frente único antiimperialista  con obreros, muchos obreros y también con estudiantes de la pequeña burguesía y otros oprimidos, pero en estrecha vinculación con el nivel de conciencia política de la mayoría, en ese momento histórico ¿Verdad que te acordás?

Te lo digo yo, que soy, como decía Scalabrini y salvando las distancias, “uno cualquiera  que sabe que es uno cualquiera”.
No sea cosa que esta conversación la tengamos que continuar en el 2012, los dos en cana o en el exilio. Y

preparate entonces, porque, en ese caso, te lo voy a reprochar todos los días, implacablemente, como esa gota de la canilla que persiste y molesta empecinadamente en la madrugada, te lo voy a repetir una y mil veces, haciéndote corresponsable de la desgracia argentina, si aquellos que vos sabés volvieran, aprovechando los errores de una izquierda que todavía no se enteró que El Che puteaba desde Guatemala contra “esos mierdas de aviadores” que bombardearon a su propio pueblo aquel trágico 16 de junio de  1955.

Sólo puedo agregarte que hay momentos en la vida de los hombres que lo mejor que pueden ofrecer a su pueblo es una profunda autocrítica y un replanteo de posiciones erróneas. Ahí se juega su profunda adhesión al mundo nuevo que predican y por el cual dicen que están luchando. Pensalo.

Un saludo.


Norberto Galasso.

Buenos Aires, 5 de enero de 2011

¿Adonde vas... Fuente Taringa

sábado, 4 de diciembre de 2010

Mirar el mundo desde un lado


Los escritores y la Feria de Fráncfort

La Feria de Frankfurt, que acaba de finalizar, es la referente de negocios más importante para el mercado editorial. Se desarrolla durante cinco días, en los cuales miles de editores, representantes, libreros y otros capitalistas del ramo se reúnen a concertar negocios y discutir sobre ellos. Carlos de Santos, presidente de la Cámara Argentina del Libro, deja claro el objetivo cuando manifiesta que “el verdadero balance de la presentación en Fráncfort se podrá sacar recién dentro de semanas o meses, cuando de las negociaciones resulten contratos concretos”. Tampoco Cristina Fernández de Kirchner obvió los objetivos del evento y abogó por una legislación “que proteja los derechos de propiedad intelectual que cada editor tiene sobre su obra (el subrayado es nuestro)”, con lo que dio por sentado que las obras son del capitalista que las publica y no del escritor que las escribe. En esto acuerdan con ella todos los hombres y mujeres de negocios que se dieron cita en la Feria para comerciar los derechos de autor de las obras.

Tecnología y negocios

Un tema fundamental de esta Feria fue la discusión acerca del rol del libro digital y sus consecuencias en el manejo de los derechos de autor y editoriales. Miguel Sobek, un desarrollador argentino que presentó en Fráncfort la versión digital del best seller El Gran Libro del Dragón, dice que “los que se esfuercen e inviertan para reinventar el libro, den herramientas novedosas a los autores y usen inteligentemente las nuevas formas sociales de difusión tendrán un lugar privilegiado”. Pero Gottfried Honnefelder, presidente de la Asociación Alemana de Editores y Libreros, expresó sus reservas. “Sería un escándalo que todo el saber del mundo quedara en manos de una empresa, que podría abrir y cerrar esa puerta cuando quisiera”, dijo haciendo referencia a Google.

El gigante electrónico dice haber logrado 10 mil socios editoriales fuera de los Estados Unidos. Simon Morrison, al frente de la delegación que vino a Alemania, avisa que pronto saldrá el Google Edition y muestra que ellos están trabajando aquí con muchos editores. El tema legal va por otro lado. Es obvio que la pelea es por quién llevará la batuta cuando se trate de apropiarse de los derechos de autor. Evidentemente, las asociaciones que defiende los derechos de los escritores deberán tomar parte en el asunto, para que no terminen siendo siempre los convidados de piedra.

Si Adorno viviera...

La idea de refundar la Escuela de Fráncfort en la Argentina, de la que participan escritores y funcionarios como Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, participa también de esta cosmovisión. Al abrigo de las palabras de Cristina Fernández, para quien la época impone un “matrimonio entre cultura y economía”, pretenden hacer revisionismo acerca de los conceptos que sobre las industrias culturales desarrollaron Adorno, Horkheimer, Habermas y compañía. El concepto completa en el terreno de la cultura lo que se planifica en otras áreas, como el proyecto de la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, que sellaría el matrimonio entre el trabajo y la economía.

La Argentina, invitada de honor


En contraste con lo sucedido el año pasado, hubo una sola delegación nacional, encabezada por la Presidenta. En ocasión de la Feria anterior, la Argentina asistió con dos delegaciones que expresaban el distanciamiento entre el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires, dualidad que no cayó bien en tierras germanas. Ante la crisis que actualmente atraviesa la gestión de Mauricio Macri, parece que llegaron a un acuerdo, y los miembros del equipo que en octubre pasado acompañaron a Hernán Lombardi, esta vez se alinearon detrás de Magdalena Faillacce.

La visita de la Presidenta tuvo como principal motivo la necesidad de allanar el camino a los créditos de origen internacional, pactando con el Club de París el pago de la deuda que el Estado argentino mantiene con ese organismo, a través del acuerdo con nuestro principal acreedor en ese campo, la banca alemana. El encuentro de Cristina y Angela Merckel tuvo ese propósito.

El gobierno, en boca de su máxima representante y de otros funcionarios e invitados, hizo gala de un discurso progresista basado en la defensa de los derechos humanos, pero obviando, claro, la represión a los estudiantes en lucha, la gendarmería enviada en ocasión de la huelga de petroleros en Santa Cruz, la policía contra los docentes y los obreros de Kraft y la impunidad del secuestro de Julio Jorge López, a tres años de ocurrido. Como siempre, cacareó sobre la dictadura militar e hizo silencio sobre la democrática, en la que el genocidio es juzgado en dosis homeopáticas mientras se mantiene procesados a 4.000 manifestantes en protestas sociales. Además ironizó, afirmando que “acá la única que ha venido maquillada es la Presidenta; Argentina no se maquilla ni se maquillará”. Es cierto: no es fácil maquillar la entrega del dinero de los jubilados al pago de la deuda con el Club de París mientras se niega el 82% móvil que les pertenece históricamente.

Los escritores y la demagogia gubernamental

Es más sencillo maquillar un discurso acompañada por escritores que gozan de bien ganado prestigio literario y que defienden la política de derechos humanos de este gobierno.

Juan Gelman, por dar un ejemplo emblemático, afirmó: “Creo que tenemos el mejor gobierno posible al que podía aspirar la Argentina (...) Hay cosas no resueltas, hay errores que comete el gobierno, pero al mirar un poco lo que es la oposición, ¡Dios mío!, es una oposición sin programa que lo único que propone es que cualquier medida o proyecto del gobierno es malo”.

La elección del mal menor, reivindicada aquí por Gelman, refleja una posición pasiva, que contrasta con la que defendieron los militantes desaparecidos en la década del setenta. Es evidente que ningún gobierno, ninguna política, es imparcial. La Presidenta le enmienda la plana con la elocuencia que la caracteriza: “No existe el hombre aséptico, objetivo, que mira el mundo desde la nada, el mundo siempre se mira desde algún lado, siempre, aun cuando uno crea que lo hace desde ningún lugar”.

Siempre se mira el mundo desde algún lugar, es decir, en política siempre se defiende algún interés. El tono aséptico de Gelman, que supone que un gobierno defiende el bien común, es falso e hipócrita. Suponer que existe una técnica para superar la contradicción de una sociedad dividida en clases lleva a un callejón sin salida. Todas las políticas del nacionalismo burgués han terminado con la derrota de la clase cuyos intereses decía defender. Quien siempre ha salido airosa con las políticas del nacionalismo ha sido la burguesía, nunca la clase obrera. No se trata de técnicas; se trata de tomar partido por una de las clases en pugna.

La oposición tiene el mismo programa que el gobierno. Ninguno de sus voceros ha criticado que se pague la deuda con el Club de París, ni que ese dinero salga de la Anses o de las reservas del Banco Central. Y no lo han criticado porque harían lo mismo.

Formar una corriente de escritores independientes

Tomar partido por una fracción que disputa con otra de la misma clase la gestión de los negocios capitalistas es entrar en un callejón sin salida.

Los escritores debemos mantener una posición independiente del Estado y de cualquiera de sus gobiernos. Griselda Gambaro dijo, en su discurso en la Feria, que “así debe ser por razones de sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico”. Y agregó: “El mal del mundo nos contamina e incluso contamina los mejores ámbitos, aun los de esta Feria (...) Mal del mundo que no consiste en fatalidades ineludibles sino en el resultado de un sistema (...)”.

Es al sistema capitalista, al que alude Griselda Gambaro, al que defienden tanto este gobierno como su “oposición”. Formemos una corriente de escritores independientes que luche junto a los trabajadores para imponer un sistema sobre nuevas bases sociales.

LuchArte Escritores